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Por el Norte: Día 4 Zumaia - Guernika

Ivan Blanco

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Cuando una foto dice más que mil palabras ...

El Flysch de Zumaia

Con tal paisaje Ingmar, Don, Robert y yo terminábamos el día anterior de la mejor manera posible, añadiendo la deliciosa cocina vasca como toque final (vuelve al día 3 aquí).

Café del Ciclista

Sin embargo, lo que probablemente es la mayor constante en cualquier Camino, es que es una aventura que te empuja a seguir adelante día tras día. Despertándome por fin a una hora más decente que la habitual, aproveché para hacerle a Robert una de mis foto entrevistas junto con un delicioso desayuno. Tras desearnos el típico "Buen Camino" volví al convento-albergue y le hice también la foto entrevista a la hospitalera Mari. Ya con todo listo, decidí revisar mis frenos ya que uno no funcionaba bien... desgraciadamente, por lo visto, los frenos de disco no son fáciles de regular y mi talento mecánico es probablemente peor de lo que esperaba. Por lo tanto, tuve que recurrir a lo que la mayoría de ciclistas y bicigrinos deberían antes de cualquier gran viaje:

Cuarto consejo ciclista para el Camino: si como yo, el único aceite que manipulas es el de oliva para echarlo a tus ensaladas, entonces acude a tu mecánico y revisa tu bici para un viaje más seguro.
— 9 de junio 2015

Uno de los elementos más bonitos del Camino del Norte: ¡el mar!

Por suerte, había un taller de bicis en Zumaia y sólo me quedaba empujar mi bici sin frenos hasta allí. Si te interesa saber, los frenos de disco, al contrario de los de aro, tienen un tipo de empuje hidráulico que es lo que hace frotar la pastilla con el disco, en algunos casos, el aire interno o mismo la arenilla pueden acabar bloqueando los frenos... por supuesto, un freno bloqueado no es el tipo de bici ideal para un viaje de 900 kilómetros. Gracias a José, la bici quedó perfecta para el resto de mi viaje y fue una de las mejores decisiones que podía haber tomado.

Listo para arrancar, la mayor parte de mi ruta iba a ser por carretera, pero no sin antes adentrarme un poco por caminos más salvajes. Hasta tal punto, que me encontré con una familia de caballos y me paré a sacarles unas fotos, de repente les picó la curiosidad y empezaron a rodearme... me puse un poco nervioso porque igual venían para defender a su cría, pero parece que les interesaba más mi querida Orbeiña...

Pasión ciclista

Premio a los peregrinos hiper mega sonrientes :)

Son éste tipo de momentos la razón por las que prefiero ir por senderos naturales, a veces hasta tal extremo que incluso los peregrinos a pie no suelen utilizarlos, como podrás ver en mis próximas entradas... Y bien que hice, ya que más tarde me crucé también con Don e Ingmar, los peregrinos daneses del día anterior y más felices que jamás he conocido, como se puede ver en esta bella imagen:

Con tan buen inicio de jornada y con dos de mis fotos más captivantes del Camino, acabé en Debia para hacer una rápida parada de tortilla y cerveza. Tras un par de vueltas, entré en un bar en el que iba acabar quedándome más de lo pensado. Curiosos por mis cámaras y viaje, los primeros en hablarme fueron Marisa y José Alberto, lo cual acabó en una interestante conversación cinematográfica, ya que hace algunos años habían visitado Santiago para el rodaje de Flor de Santidad. Una historia ambientada en Galicia y basada en una novela de Ramón María del Valle-Inclán, que es uno de nuestros dramaturgos literarios más célebres, que es como nuestro equivalente español a lo que Shakespeare es para la literatura inglesa.

Horno de Cal

Calero de Urasandi (pincha en la foto para más información)

Tras este giro artístico, al poco de irse Marisa y José Alberto, hice otra buen encuentro con Juan Bosco que amablemente me describió las rutas por Debia y cuáles debería tomar. Sin subestimar la amabilidad de otros lugares, Debia se convirtió en uno de los más agradables de todo mi Camino, hasta tal punto que incluso dejándolo hice otro gran encuentro, Josema. Habiéndome parado un momento para comer una barrita energética justo antes de una subida muy muy muy empinada... un coche se paró y el conductor empezó a hablar conmigo. Josema también solía ir en bici por al zona hace unos años, así que me recomendó seguir por la orilla del mar, ya que la ruta por donde pensaba ir era demasiado fangosa y cuesta arriba. De nuevo la coincidencia hizo que estaba justo en frente a una construcción histórica de la que ni siquiera me habría dado cuenta si no fuera por Josema, era un antiguo horno de cal en el que incluso su abuelo solía trabajar, hasta había un cartel que explicaba su funcionamiento y estructura. Lo mejor de lanzarte a la aventura, es que hay amigos e historias detrás de cada esquina, lo que hace viajar una experiencia única, siempre y cuando estés dispuesto a mantener los ojos bien abiertos.
 

Tener los ojos bien abiertos es siempre bueno, especialmente si te encuentras en el norte de España, porque aquello de lo que me libré en mis primeros días, finalmente tenía que acabar llegando sí o sí... nuestra tan común lluvia del Norte, que me sorprendió en el corazón del País Vasco. Refugiándome en el portal de una casa cercana, aproveché para recargar las pilas y salí a la carretera apenas amainó un poco.

Días nublados del Camino del Norte

Parecía que el tiempo me anticipaba para la ciudad donde iba dormir ese día, una ciudad que quedó marcada en la memoria histórica y artística de España, siendo la lluvia el reflejo del duelo y estupor que la fatalidad de la guerra marcó a puño en lo que se conoce como: Guernika.

Guernika-Lumo, o lo que queda del fatídico suceso, es un mero reflejo de lo que fue brutalmente utilizado por los nazis y el grupo fascista español como prueba de campo para los bombardeos aéreos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue uno de los primeros ataques aéreos contra una población indefensa y con consecuencias tremendamente devastadoras. La indignación y conmoción de la comunidad internacional llegó a todos los niveles. Muchos artistas no quedaron indiferentes ante este cruel acontecimiento, por lo que crearon obras tan simbólicas como el famoso cuadro de Picasso El Guernica, expuesto en el Museo Reina Sofía de Madrid. Esta gigante obra de 3m por 7m, se resume en palabras del propio artista:

En el panel en el que estoy trabajando, que llamaré Guernica, y en todas mis obras recientes del arte, expreso claramente mi aborrecimiento de la casta militar que ha hundido a España en un océano de dolor y la muerte.
— Pablo Picasso

Así fue que la historia, símbolos y la meteorología me recibían en Guernika. El primer intento de encontrar cama en el albergue municipal se frustró rápidamente debido al completo de un gran grupo de estudiantes franceses. Gracias a unos peregrinos que tenían un par de guías y números, conseguí llamar, junto a otra peregrina con el mismo problema, a una pensión en el centro. Conocí entonces a Camille de Francia que había estado caminando desde Irún. Estaba cansada y se fue casi directamente a la cama, yo sin embargo, estaba hambriento como un lobo de mis casi 70 kilómetros de ruta:

A esto le llamo yo llenar el depósito

Por suerte, no he tenido que irme muy lejos para llenar la barriga, justo debajo de la pensión había un bar restaurante donde me zampé un sabrosísimo plato de Codillo al horno con vino vasco. El Codillo viene de las patas del cerdo, en el punto de unión del codo de cada pata, es una carne muy sabrosa y aromática, pero que necesita una cocción de varias horas. Me lo sirvieron con ricas patatas y deliciosos Pimientos de Padrón; producto típico de mi querida tierra gallega.

Amigos de todos los tipos y origen, la tan habitual lluvia del Norte, historia, símbolos, arte y una gran cena como colofón final... eso es otro típico día en el Camino de Santiago, una experiencia que no deja de sorprenderte una y otra vez.

Si quieres ver más de esos momentos, estate atento a mis próximas entradas de mi Camino Por el Norte en Facebook, Twitter o Instagram!

Por el Norte: Día 3 Ulia - Zumaia

Ivan Blanco

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Llegado de nuevo tarde el día anterior y acumulando otro día más de salidas tardías... mi lema estos primeros días de mi Camino del Norte podría ser: sería una persona madrugadora, si la madrugada ocurriera alrededor del mediodía ;)

Desayuno de campeones

Para no variar, fui el último peregrino en dejar el albergue pero justo a tiempo para saludar rápidamente a los peregrinos valencianos que me habían salvado la noche anterior. Cabe decir en mi defensa, que con las vistas que ofrece el albergue Ulia sí vale la pena que las sábanas se le peguen a uno un poco más y disfrutar de este magnífico lugar.

Además, ésto me empujó a hablar con Susana y Peio que trabajan allí, animándome a hacer otra de mis foto entrevistas a la que Peio accedió amablemente. El precioso perro del albergue decidió unirse a nosotros, por lo que con todo esto, no había mejor manera de iniciar éste día de la semana, normalmente temido por muchos... mi primer Lunes en el Camino. 

La belleza de San Sebastián

Normalmente, en bici es aconsejable empezar el día con una cuesta arriba; terminando el día anterior a los pies de una subida, ya que las fuerzas y energías son más altas. Sin embargo, ésto no quita que es una verdadera gozada descender un precioso bosque y tener como fondo una ciudad tan maravillosa como San Sebastián.

Una vez allí, mi primera tarea era arreglar un error más habitual de lo deseado cuando uno se lanza a largas jornadas en bici... ¡comprarme crema solar!

 
3er consejo ciclista para el Camino: cuando te lanzas en bici por más de 4 horas, siempre siempre, ponte protección solar, incluso en días nublados, es más seguro y.... brazos y piernas rojas no suelen ser muy sexys ;)
— 8 de junio 2015
 

Tras avituallarme con un par de frutas y refrescos, me puse la tan necesitada crema solar en ésta tercer día soleado que se estaba presentando. A pesar de no haberme zambullido en la tentadora Playa de la Concha, pasé bastante tiempo en San Sebastián disfrutando de la brisa y el encanto de la misma. Hasta tal punto que no la dejé hasta las 2 de la tarde... con tan mala suerte que cuando me iba un viejo amigo se dignó a visitarme de nuevo ... ¡Don Pinchazo! Siendo casi un experto, cambié rápidamente la rueda y me sumergí en el extraordinario espacio natural del Monte Igueldo. Subiendo vi el primer bicigrino en mi Camino del Norte, pero lo perdí y no volvería a verlo. Me crucé con una peregrina alemana que estaba agotadísima de caminar toda la mañana, le pregunté si necesitaba algo y lo único que ansiaba era llegar ya a un albergue. Deseándole un buen Camino, seguí y para mi sorpresa me encontré con los peregrinos de Valencia que me habían salvado el día anterior, con ese pedazo providencial de tortilla (día 2 de mi Camino del Norte). Estaban almorzando, me uní a ellos con una cervecita bien fresca y hablamos sobre nuestro Camino actual y pasados.

Vistas del monte Igueldo

Mis salvadores valencianos :)

Carretera o sendero...

Con sólo 20 kilómetros en mi contador, me tocaba recuperar el tiempo perdido de mis típicos despertares tardíos por lo que continué hasta Orio, dónde quería buscar información en la oficina de turismo. Pero siendo España y la hora del almuerzo, la mayoría de tiendas y oficinas suelen estar cerradas (de 14:00 a 16:00 normalmente), especialmente en pueblos pequeños como éste. Con un poco de hambre y sed, y casi las 16:00, pillé un poco de mi jamón y rellené mi depósito de agua. En la fuente del pueblo me crucé con un turista francés que también esperaba a que la oficina de turismo abriera. Fue divertido volver a hablar francés tras unos días de inmersión hispana, pensando que también era un peregrino, era todo lo contrario, más bien otra afición típica de la zona, olas y surf. Mientras hablábamos, una mujer del pueblo nos indicó que la chica de la oficina seguramente estaría aún con su hijo en la escuela. Por lo que cada uno continuamos nuestros caminos y una vez me fui de Orio, me di cuenta de algo que tarde o temprano tenía que ocurrir... Al igual que en mi último Camino, cuando casi pierdo mi móvil, en éste tenía que perder algo de nuevo... mis gafas de sol. Lo bueno es que, no suelo comprar gafas caras y llevaba conmigo un segundo par por si acaso, por lo que seguramente le di una buena alegría a algún niño o vecino de Orio.

Sendero obviamente!

La ruta después de Orio era un puro placer para cualquier ciclista o peregrino, las vistas impresionantes y los pueblos con los que uno se cruza hacían aumentar las ganas de viajar y explorar a su punto más alto, como se puede ver con la magnífica Getaria; conocida principalmente por ser la ciudad natal de Juan Sebastián Elcano, famoso por ser el primer explorador en dar la vuelta al mundo, qué buen encuentro para alguien cruzando el Norte de España.

La belleza de Getaria

A pesar de la belleza histórica y actual de Getaria, mi destino final del día se encontraba a unos kilómetros más. Tras esta corta jornada de Camino, como se puede ver en mi ruta a continuación, llegué a la encantadora Zumaia para dormir en un albergue de lo más peculiar...

A pesar de las indicaciones, localizar el albergue municipal se estaba conviertiendo en una tarea más complicada que planeado. Algunas personas me decían que solía haber uno, pero que ahora estaba cerrado. El municipal sin embargo, debería estar abierto, pero el año pasado por estas fechas estaba cerrado... así que las dificultades iban aumentando de manera exponencial y la noche ya acechaba... Por suerte, un local vio mi cara de perdido y me ayudó a encontrarlo, de hecho, se encontraba justo a la vuelta de la esquina. Una pequeña puerta casi sin señalizar era la entrada del albergue municipal, el cual resultó ser uno de los más bonitos que jamás me alojé. Hace unos años solía ser un convento; al irse las últimas monjas que lo habitaban, el ayuntamiento de Zumaia se hizo cargo y lo transformó en albergue para peregrinos. Con el suelo y puertas de madera, además de encantador tiene prácticamente de todo: una sala para guardar las bicis, un área común para cocinar y tocar la guitarra, etc. Pero lo mejor de todo, es la hospitalidad de Mari la hospitalera. Su amabilidad y disponibilidad son ejemplares, incluso ofrece un servicio de lavado de ropa y su sonrisa es constante. Es el tipo de albergue que deseas quedarte, con una mezcla de origen histórico y una gran hospitalidad (más información aquí).

Zumaia

Ingmar, Don, Robert y yo

Más alegrías estaban por llegar, compartí mi habitación con un peregrino alemán, Robert, que escogió el Camino del Norte como el primero; la mayoría de la gente suele elegir el Camino francés, como fue mi caso el año pasado (puedes verlo aquí). Llevaba caminando unos días con otros dos peregrinos, los daneses Ingmar y Don, padre e hijo, que estaban haciendo el Camino del Norte juntos como ya lo habían hecho antes con el francés. Conectamos rápidamente y tan pronto como acabé mi ducha, seguimos la sugerencia de Mari de ir hasta la zona del Flysch, junto a la ermita de San Telmo y al otro lado del pueblo. No hay forma de describir la emoción de estar ante un paisaje tan bello, tras haber pasado 3 días en bici y con una compañía peregrina de lo más agradable sólo faltaban... las cervezas, que ya estaban pedidas y a punto de ser servidas, ya sólo nos quedaba plasmarnos ante este fantástico paisaje:

El Flysch de Zumaia

Patatas Alioli

Después de semejante experiencia, no hay casi nada que pueda hacerle frente... exceptuando quizás la deliciosa cocina vasca a la que nos lanzamos: txakoli (un vino blanco seco típicamente vasco), unas patatas al alioli (muy bueno, pero aún no conseguí encontrar uno que le gane al que probé en Estella durante mi Camino Francés), una sabrosa cerveza Keler y otras delicias, que completaron otra jornada maravillos en el Camino. Fue el toque final perfecto para cualquier peregrino.

Sólo nos quedaba volver al convento y para disfrutar de un merecido descanso, sin embargo, pasamos un rato más con nuestra encantadora anfitriona y descubrimos que en el bar donde comimos trabaja la hermana de Mari, y que incluso la había llamado para que nos esperara. Son este tipo de cosas que hacen del Camino una de esas experiencias que no te dejan de sorprender y motivan a repetirlo.

Mi tercera jornada del Camino del Norte terminó con la mejor compañía y en el mejor lugar, mis niveles de motivación se encontraban en su nivel más alto y estaba ansioso por descubrir mis próximos destinos y encuentros. Si quieres descubrirlos también, estate atento a mis próximas entradas de mi Camino del Norte!

Por el Norte: Día 2 St. Jean de Luz - Ulía

Ivan Blanco

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En tu primer día vacaciones, no hay nada mejor que despertar tras un merecido descanso en una cama de lo más cómoda y disfrutar un buen desayuno bufé que suelen ofrecer la mayoría de los hoteles... ésta fue la primera y última vez que tendría tales lujos en este Camino del Norte.

La verdad es que era un día perfecto para continuar mi camino y volver a mi querida España: domingo con cielo azul, sin nubes y Saint Jean de Luz bulliciosa de gente, todo ello anticipando un día lleno de sorpresas agradables.

¿Primera sorpresa agradable? ¡El Desayuno!

Un desayuno de campeones

Con pasteles y productos franceses típicos, esta primera comida del día fue más que espectacular: mermelada Bonne Maman, pan francés y tostadas, mmmm la rica Nutella, zumo de naranja recién exprimido, frutas varias entre las cuales el fruto rey para los ciclistas así como para los Minions ... ¡plátanos! Se podría decir que fue la recompensa al duro mes de trabajo que precedía mi viaje; la F1 es, el periodo más activo en Mónaco (lugar donde trabajo). Además, siempre es importante llenar bien la barriga durante el desayuno, especialmente cuando te lanzas para un día entero en la bici como verás más tarde...

¿Segunda sorpresa agradable? Sin siquiera salir de Saint Jean de Luz, buscando una credencial para el Camino (segundo intento tras el día 1), cerca de la iglesia se escuchaba música. Cuando me acerqué había un grupo de unos 10 bailarines vestidos con trajes regionales vascos, estaban haciendo un baile y percursion con palos, eran Paloteadores. La energía y ambiente eran fantásticos; al igual que el txikoli del día anterior, me sumergí de nuevo en la rica cultura del País Vasco.

2a sorpresa: Paloteadores.

Después de este "conciertillo" me fui a la iglesia que estaba cerrada, pero me encontré con un sacerdote que justo acababa de salir de la misma. Le pregunté si tenía alguna credencial, pero no, aunque esto fue suficiente para iniciar una conversación y así toparme con la tercera sorpresa agradable del día.

3a sorpresa: Dominique.

El cura Dominique se encarga de la impresionante iglesia Saint Jean Baptiste, me invitó a su casa que estaba justo al lado para por lo menos conseguir un sello en una página en blanco. Su bondad y positividad me empujaron a continuar con él mi proyecto fotográfico que había iniciado en mi primer Camino de Santiago; foto-entrevistas de peregrinos y locales que conocí en mis Caminos.

Habiendo ya de por sí dormido hasta tarde, conocer al padre Dominique, junto con la belleza fascinante de San Juan de Luz hicieron que aún tardara más en iniciar la ruta. Tras un pequeño desvío al faro y el puerto, al fin me adentré en la naturaleza salvaje con trazados estrechos, acantilados amenazantes y... ¡pinchazos! Uno de los inconvenientes más típicos para cualquier ciclista, y bicigrino, no se hizo esperar mucho y tampoco iba a ser la última vez... pero con paisajes como los de la costa Vasca, incluso los pinchazos tienen su parte positiva.

Con vistas así... hasta un pinchazo se agradece.

Reanudado ya la marcha, al fin llegué a mi querida España y la primera ciudad del Camino del Norte, Irún, que suele ser el punto de partida para los varios Caminos del Norte. Con la ayuda de un padre ciclista, que había convencido a toda su familia para dar un paseo Dominguero en bici, crucé el puente que separa Francia con España para entrar en Irún. Sin embargo, aunque fui siguiendo la señalización, me llevó al menos 10 kilómetros tierra adentro y lejos de cualquier costa, cuando tiré de GPS y me di cuenta de que había tomado el Camino equivocado. Me había adentrado por el Camino Vasco, que de seguir, enlazaría con el Camino francés.

Aquí puedes ver la ruta que casi me desvía del Camino del Norte:

Un poco molesto con mi desvío accidental, mi cuarta sorpresa agradable llegó justo a tiempo con el sol que comenzaba a posarse en el horizonte. Llegué a Pasai Donibane, que rebosaba de energía y buen ambiente por todos los rincones de este pequeño pueblo marinero. Los tonos cálidos de la puesta del sol, los niños jugando por todas partes, familias, amigos y demás visitantes disfrutaban de una hermosa tarde de domingo, el ambiente ideal para finalizar un largo día sobre mi querida Orbea.

Si de por sí esto ya era un buen final, mientras descansaba en la orilla cerca de la iglesia del pueblo, mi quinta sorpresa agradable del día estaba por llegar. Mi curiosidad comenzó cuando delante de la iglesia se acercaban cada vez más y más jóvenes, todos con una especie de uniforme... entraban, venían otros, entraban más, y en intervalos de 3 a 4 minutos se oían aplausos desde el interior. Tras más de tres tandas de aplausos, mi curiosidad ya no podía pacientar más, por lo que le puse el candado a mi bici y me adentré en la iglesia que estaba a rebosar: En ella, una de mis mejores experiencias estaba a punto de acontecer. Un coro compuesto de chicos y chicas de 10 a 18 años se iban turnando para cantar varias canciones desde las más eclesiásticas hasta las más comerciales como "Angels" de Robbie Williams. Sin embargo, el momento más emocional llegó cuando empezaron a cantar "Caminante no hay camino", basada en el poema de Antonio Machado del siglo 19 y que no sólo es un símbolo para cualquier peregrino, sino que se podría considerar incluso como uno de nuestros himnos.

Este es el momento:

5a sorpresa agradable!

Si con todo esto no tenía ya suficiente motivación para quedarme en este precioso pueblo, sólo una cosa podría... ¡un albergue lleno! Con sólo una opción disponible, continué mi camino, pero había un "pequeño" inconveniente o... más bien, mi sexta sorpresa agradable: cruzar la ría de Pasai en barco, incluso hay flechas indicando esta curioso medio de "peregrinaje".

Emocionado por literalmente embarcar mi querida Orbeiña a la mar, no fue sin primero hacer una paradita para disfrutar de una buenísima tortilla española y una cerveza bien fresca. Mientras llenaba mi depósito, se me acercó un vecino del pueblo, Miguel. Le hablé de mis historias y viajes, mientras él me comentó donde podría encontrar otro albergue. Aun mantenemos el contacto y descubrí que también le gusta la fotografía, además de algunas peculiaridades de esta pequeña ciudad. Pero mejor le doy la palabra para que os lo cuente:

Mascarón de "La casa de Iriberri" - © Miguel Artola

"En un pequeño libro sobre Pasai Donibane, cuando se empieza a hablar de las casas de linaje importante, afirma lo siguiente:" La casa de Iriberri - Una de sus paredes corresponde a lado el pórtico de la iglesia Su cocina solía ser justo al lado. la parroquia que hoy en día es la puerta que conduce al cementerio. En la parte izquierda de esta puerta, hay todavía un mascaron con ninguna pista de su procedencia. Esta casa perteneció a Alonso Villaviciosa".

También me contó que hay un astillero cerca donde hacen barcos de época como el que se ve en esta preciosa foto que compartió conmigo:

Embarcaciones de Pasai Donibana - © Miguel Artola

Con el sol escondiéndose en las colinas cercanas, muy a mi pesar tuve que dejar Pasai Donibane que se convirtió automáticamente en uno de mis rincones preferidos del Camino del Norte. Sin embargo, como bien decimos en español No hay mal que por bien no venga, por lo que esta circunstancia me hizo subir al monte Ulía, donde pude hacer una de mis mejores fotos, que sigue dándome piel de gallina cuando recuerdo la sensación de estar ahí arriba y ver esto:

Con el reloj apunto de dar las 10 de la noche (la hora a la que la mayoría de los peregrinos suelen ir a dormir...), llegué al único albergue que había justo antes de que cerraran. Los del restaurante acababan de salir y desgraciadamente, el restaurante más cercano acababa de cerrar también. Además,  las máquinas expendedoras no funcionaban... por lo que estaba ahí, tras más de 5h de ruta, hambriento, cansado y con sólo una manzana para cenar. La cosa se presentaba como una dura noche de hambre y una de las manzanas mejor aprovechadas que jamás he comido.

A pesar de todo, la impresionante vista de San Sebastián iluminada de noche y unos peregrinos valencianos con los que entablé conversación, valieron la pena. Tanto, que sea providencia, destino o simplemente mi séptima sorpresa agradable del día, hicieron que mis nuevos amigos valencianos ya no tenían hambre y como les quedaba un trozo de tortilla y galletas, me las ofrecieron muy amablemente.

Al igual que en mi Camino Francés, éste es otro ejemplo de la belleza de hacer estos peregrinajes, la cual se muestra sobre todo en la sinceridad, ayuda, amabilidad y disponibilidad de la gente con la que uno se encuentra a lo largo del Camino.

 
Segundo consejo ciclista para el Camino: lleva comida equivalente a un almuerzo, nunca se sabe cuando lo necesitarás más.
— 07 de junio 2015
 

El principio y el final de este día giro totalmente alrededor de una de nuestras necesidades más básicas, la comida, no obstante, todo lo que pasó entre los dos hizo que mi segundo día en el Camino se convirtiera en otra experiencia inolvidable. 

Si quieres ver más historias y amigos de mi Camino del Norte, estate atento a mis próximos posts ;)